22.3 MÁS INFORMACIÓN - ESCRUTANDO LO INVISIBLE

24/03/10

Escrutando lo invisible

"Aquello que es esencial es invisible al ojo"; esta bellísima frase sacada de El principito (
Le Petit Prince) de Antoine de Saint-Exupéry, lleva a las reflexiones que puedan surgir incluso en el campo de los Bienes Culturales: si de verdad ¿aquello que no podamos ver en la obra es de extrema importancia?
Afortunadamente las técnicas analíticas permiten indagar las obras, revelando a menudo las "verdades ocultas".
Todavía, la mayor parte de los análisis están a prerrogativa de de técnicos especializados y necesitan herramientas costosas que dan como resultado los espectros, a menudo muy difíciles de interpretar. Sin embargo, algunas técnicas permiten incluso a los menos expertos obtener información importante para la restauración como, por ejemplo, la microscopía óptica, la fluorescencia UV y la reflectografía IR.
 

En este artículo hablaremos justamente de esta última que explota las capacidades de las radiaciones infrarrojas que atraviesan los estratos más superficiales de una obra policromada, desde el barniz final al estrato pictórico, hasta llegar al diseño preparatorio. Retoques, estucados, abrasiones y caídas de film pictórico y preparación resultan más evidentes y, algo bien importante, se pueden recabar indicaciones sobre las técnicas de ejecución a través de los trazos del diseño preparatorio, que puede revelarse bajo la superficie.  

Antes de adentrarse en el pleno discurso sobre la reflectografía, hagamos un paréntesis que permita hacer más comprensible la técnica misma.
Todo el trabajo de los hombres que en el curso de los siglos se han dedicado al arte figurativo, desde los artistas rupestres de la prehistoria hasta las vanguardias contemporáneas, pasando  por quien cada día se ocupa de conservar y volver a dar vida a estos testimonios, se basa sobre la luz. La luz no es otra cosa que una pequeña porción del espectro electromagnético que el sistema visible humano alcanza a elaborar. El espectro electromagnético se divide en base a la longitud de onda de las radiaciones que lo componen, que van desde varios metros ("ondas largas", como por ejemplo las ondas de radio) hasta cualquier billonésima de milímetro (por ejemplo los rayos X). El campo del visible se coloca con "ondas cortas" que van desde los 400 nm a los 700 nm (billonésimas de milímetro).

El efecto complejo de una radiación electromagnética que incide sobre cualquier objeto depende de tres factores:
1)    El tipo de radiación incidente (lámpara, luz solar, neon, etc.).
2)    La composición y la estructura del objeto sobre cuya radiación incide. 
3)    El dispositivo que destaca la radiación reflejada por el objeto (ojo humano, telecámara a infrarrojos, etc.).

Esta reflexión es útil en muchos campos de la restauración conservativa, como por ejemplo para las operaciones de retoque donde se necesitaría siempre usar una fuente luminosa lo más similar posible al sol. En el caso de las indagaciones reflectográficas al infrarrojo la condición de base para el éxito de la operación  diagnóstica es que la fuente luminosa contenga, en su espectro de emisión, una buena “dosis” de radiación infrarroja, que pueda interactuar con los estratos pictóricos y ser resaltado por un “ojo” calibrado a propósito (o sea una telecámara sensible a longitudes de onda comprendidas entre 700 y 1100 nm, el Infrarrojo cercano). Una lámpara de incandescencia en este caso irá mejor, teniendo la seguridad de no posicionarla demasiado cercana a la obra, obteniendo una situación de luz difusa y evitar el calentamiento.

Observando el gráfico (ver imagen 2) resulta evidente la diferencia entre el espectro de emisión que caracteriza la luz solar y el de una lámpara normal de incandescencia: la luz natural tiene intensidades de misión bien distribuidas dentro del intervalo del visible, mientras la luz de la lámpara es decididamente “descompensada” hacia las altas longitudes de onda (y por tanto los colores amarillo/naranja/rojo). Las lámparas de luz natural emiten solo en el espectro visible, mientras "cortan" tanto los componentes UV (dañadas a nivel fotoquímico) como las infrarrojas (dañadas por efecto del calor). Se deduce de ello que una lámpara óptima de retoque será absolutamente inútil en el caso de que se quiera profundizar en el diagnóstico por medio de técnicas como la reflectografía IR. El espectro de emisión del filamento de tungsteno, sin embargo, tiene un fortísimo componente de infrarrojo, que no puede ser visto por nuestros ojos, pero que se percibe fácilmente a nivel térmico (los rayos infrarrojos “calientan”) y puede ser usada en reflectografía. Naturalmente, la fuente de luz óptima es puramente infrarroja y una solución económica se da por las lámparas IR con añadido E27 a 250 W que pueden ser colocadas sobre las lámparas comunes en sustitución de las lámparas de incandescencia.  

Una  simple fuente de infrarrojos sin embargo no es suficiente: es necesario que la radiación que se refleja de la superficie de la obra después de haber interactuado con los estratos pictóricos sea adecuadamente “filtrada” y resaltada por la videocámara, cumplido respectivamente por las lentes de los reveladores. El secreto para una buena investigación en el campo del infrarrojo cercano es por tanto una mezcla óptima de fuentes de luz, filtros y reveladores,  combinados de tal forma que enfaticen la intensidad y la eficiencia de resalte de aquellas longitudes de onda (700-1100nm) que consiguen “meter la nariz” bajo los estratos más superficiales de una obra pictórica y poner en su lugar diseños preparadores, retoques, correcciones: aquello que en definitiva no aparece a la luz del sol.
 

La "lectura" de aquello que se registra y aparece sobre la pantalla no es siempre fácil de interpretar, Sobre todo, no siempre el diseño preparatorio está presente e, incluso admitiendo que el artista haya sido ayudado, aparece visible si ha sido trazado con carboncillo, grafitos o similares. El negro, de hecho absorbe las radiaciones del cercano IR mientras otros materiales, como la hematita que dona la tonalidad rosa a la sanguínea, reflejan las radiaciones y son después "invisibles" al ojo de la telecámara IR.  

Justamente esta absorción selectiva de las radiaciones incidentes por parte de diferentes materiales ha permitido el desarrollo de las técnicas espectroscópicas, como la espectrofotometría IR. También con un simple  reflectógrafo IR es posible obtener cualquier indicio sobre materiales presentes: podemos decir que los pigmentos a base orgánica y a base de plomo son en general transparentes al IR, mientras pigmentos a base de cobre o ferrocianuros (como el
azul de Prusia) son medianamente o fuertemente opacos y no permiten la aparición de lo que está debajo.
 

Por último, pero no menos importante, la elección de la herramienta. La reflectografía IR destaca en los años 30 y nace como fotografía IR, pero ya en los años 60 tiene un gran desarrollo debido al uso de telecámaras a tubo Vidicon. Actualmente se usan las  videocámaras a CCD  (Charged Couple Device) que permiten una relación más alta señal/rumor, una respuesta más rápida, menores distorsiones geométricas y mayor estabilidad en altas intensidades luminosas en entrada respecto a los tubos Vidicon. Para “limpiar” la señal destacada por los CCD se aplica un filtro con banda pasante 720-1100nm, que permite eliminar las longitudes de onda del visible, que crean molestias en la imagen IR: de esta forma es posible tener imágenes nítidas y bien contrastadas, eliminando el efecto “scattering” provocado por la reflexión de la longitud de onda por debajo de los 700 nm (recordemos que la capacidad de penetración es directamente proporcional a la longitud de onda
).
 

El coste de una herramienta para la reflectografía IR puede ser también muy alto, según las características técnicas, como precisión y resolución de las imágenes. Una solución de bajo coste, es la instalación portátil MIR 10 propuesta por CTS que, junto con otras técnicas simples y económicas de las que hablaremos en futuros artículos, permite al restaurador tener un cuadro completo de la obra que se quiere investigar.
 

BIBLIOGRAFIA Y FUENTES
  • Walmsley, Elizabeth, Fletcher, Colin, Delaney, John, Evaluation of system performance of near-infrared imaging devices. Studies in Conservation, Volume 37, pp 120-131, 1992
  • Palazzi Sergio, Colorimetria, la scienza del colore nell’arte e nella tecnica, Firenze, Nardini, 2000
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